10 dic. 2010

La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina

Autor: Stieg Larsson
Título original: Flickan som lekte med elden
Editorial: Destino
Nº de páginas: 749

Sinopsis: Lisbeth Salander necesitaba apartarse del foco de atención y salir de Estocolmo así que se toma un tiempo viajando por el extranjero con el dinero de Wennerström. Trata de seguir una férrea disciplina y no contestar las llamadas ni los mensajes de Mikael Blomvkist, el cual no entiende porqué ha desaparecido de su vida sin dar ninguna explicación. Así pues, Lisbeth se cura las heridas de amor en soledad, aunque intenta distraerse con el estudio de las matemáticas y otras actividades en una playa del Caribe.
Mientras tanto Mikael, vive buenos momentos en Millennium, con las finanzas de la revista saneadas y reconocimiento profesional por parte de colegas y otros medios. Tiene entre manos un reportaje apasionante sobre el tráfico y la prostitución de mujeres procedentes del Este; trabajo que le propusieron el periodista Dag Svensson y la criminóloga Mía Bergman. Las vidas de nuestros protagonistas parecen haberse separado por completo pero, mientras tanto... una muchacha atada a una cama soporta un día tras otro las horribles visitas de un ser despreciable y, sin decir palabra, sueña con una cerilla y un bidón de gasolina, con la forma de provocar el fuego que acabe con todo.

Valoración: La segunda parte de la trilogía no desmerece la primera; aunque ahora Lisbeth adquiere más protagonismo, bien podrían leerse como novelas separadas. En esta novela vamos conociendo el pasado de Lisbeth, porqué hace las cosas que hace y no confía en nadie. Además se establecen historias paralelas sobre todo relacionadas con el tráfico de personas para explotación sexual. Así con esta novela el autor ejerce una denuncia a los abusos de policías, reporteros y contrabandistas hacia las chicas traídas ilegalmente para ejercer la prostitución. En general podemos decir que en esta novela se observan hechos inverosímiles, pero es capaz de entretener y enganchar al lector como ya lo consiguió la primera parte.

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